Los límites de nuestro pensamiento están en nuestro lógica, pero no me atrevería a decir que hoy nuestra cabeza está formateada por el canon occidental sino por la destrucción del mismo (recuerdo ese libro "Who killed Homer?"). Bloom diría que el problema de nuestros límites es que nuestra cabeza ya no está formateada por éste, de allí la debilidad de las instituciones políticas occidentales en nuestros días, ya anunciada hace casi un siglo por Oswald Spengler.
Los límites de nuestro pensamiento están en nuestro lógica, pero no me atrevería a decir que hoy nuestra cabeza está formateada por el canon occidental sino por la destrucción del mismo (recuerdo ese libro "Who killed Homer?"). Bloom diría que el problema de nuestros límites es que nuestra cabeza ya no está formateada por éste, de allí la debilidad de las instituciones políticas occidentales en nuestros días, ya anunciada hace casi un siglo por Oswald Spengler.
Bloom incluyó en su lista, por otra parte, obras de la India antigua y el cercano oriente, árabes y rusas, entre otras, en su canon (no así la china). Pero el Mahabarata, el Gilgamesh, el Korán, son -si bien no centrales- apéndices apropiados por el canon occidental. Ni hablar autores rusos como Pushkin, Gogol, Dostoievsky, Tolsoy o Chekhov, aunque no le guste a Putin. Al menos desde la enorme influencia del pensamiento marxista alemán elaborado en Inglaterra en su territorio, Rusia no se puede hacer fácilmente la desentendida de occidente. Por eso tiene los problemas de Ucrania, por ejemplo, que pretende ser europea. China es claramente otra cosa. Así que yo le diría a Huntington que tenemos dos actores y un tercero (Rusia) que viene mezcladito. Ha habido muchos cruces culturales entre Rusia y Occidente y muchos menos con China, donde todo es más reciente.
Volviendo a Bloom, el canon occidental intentó hacerle la vida imposible a los grupos neomarxistas, los feministas, los multiculturalistas: todo aquello que dominó en las últimas décadas el discurso occidental y que, a su juicio, saqueó el canon occidental. Y sostenía que todos los estándares estéticos e intelectuales que tenía que tener una universidad y la civilización occidental, estaban siendo abandonados. De allí la fragilidad cultural de Occidente frente a la de China, entre otras cosas.

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