Es un mundo que no conozco. Es un mundo que casi nadie conoce. Tengo un amigo polímata (músico, mago, constructor, electricista, minero de cripto) que algo ha intentado explicarme. Aún así sigo sin entender mucho. Hablando con él unas semanas atrás me dijo la palabra “blockchain”, que nunca había escuchado. Era una razón para leer este libro. El empujón final me lo dio Alejandro Piscitelli pidiéndome que lo reseñe. Empecé con entusiasmo ya que comienza con una cita de Deleuze sobre la escritura. Porque Deleuze influyó aparentemente mucho sobre el autor para entender el mundo cripto, según él dice, especialmente su crítica del pensamiento representacional: https://www.youtube.com/watch?v=iDVKrbM5MIQ
El libro Blockhain Radicals se propone reconocer los aspectos positivos y negativos de esta tecnología emergente, con un especial interés en aquellas cosas que pueden ser beneficiosas para la sociedad como un todo y no solo para aquellos que controlan los medios de esta “innovación” tecnológica. Joshua Dávila, el autor (su website: theblockchainsocialist.com), supone que quizás la izquierda tenga una oportunidad para alterar el status quo con la misma tecnología que lo mantiene.
El autor cree en comenzar a diseñar sistemas de relaciones no alienantes bajo los cuales preferiríamos vivir empuñando colectivamente las herramientas tecnológicas a nuestra disposición para fines pro-sociales creando una nueva generación de los que llama “blockchain radicals” (respiro porque no puse ni una coma). Y para eso empieza intentando explicarnos como funcionan las bitcoins y las blockchains. Cuando ya empezaba a perderme aparece una frase de Robert K. Merton calificando al ethos científico como comunista y, por lo tanto, incompatible con la definición de la tecnología como “propiedad privada” en una economía capitalista. Desafortunadamente muchas grandes instituciones científicas no piensan lo mismo. Por eso si uno no tiene el dinero para acceder a las revistas científicas más importantes, Joshua nos dice que podemos ir a Sci-Hub y bajar gratis casi todo artículo académico allí (aunque para eso pueda ser necesario usar un VPN o intentar dominios como .ru, .st, .se, etc (para el autor www.sci-hub.ru es el que mejor le ha funcionado) porque Sci-Hub está bloqueado y es ilegal en muchos países).
Detrás de este sitio estaría aparentemente solo una mujer: Alexandra Elbakyan, de Kazakhstan (pero nacida en tiempos de la URSS). Uno pensaría que se trataría de una figura envuelta en el secreto al trabajar en algo tan ilegal pero, nos cuenta Joshua, basta con hacer click en Elbakyan en el menú del sitio y te saluda un GIF de una mujer de piel pálida y cabello castaño usando una remera que dice “Send” y saludándote con una sonrisa. En la página además aparecería una detallada biografía de ella: comenzó a programar a los 12 años e, interesada en la neurociencia, fue a la universidad a estudiar interfaces cerebro-computadora (mucho antes de que Elon Musk apareciera con Neuralink) pero no consiguió ningún programa de doctorado en los Estados Unidos que cubriera sus intereses de investigación.
El autor cree que las criptomonedas pueden proteger a algunos de lo más vulnerables o perseguidos en la sociedad, que WikiLeaks es una contrainstitución importante para desafiar el orden capitalista neoliberal y llama a apoyar sus esfuerzos aún donando criptomonedas para superar los bloqueos financieros. Para cualquier grupo radical con legitimidad que descansa en alguna forma de cuasi-moneda para mantener su infraestructura, el autor cree que estos temas deben ser tomados seriamente.
También recurre a una cita del tema “Money” de Pink Floyd, para recordarnos que “it's a crime”, legal pero ilegítimo para una sociedad democrática. Los entusiastas hardcore de las cripto no hablarían de estas cosas (es una historia complicada para contarle a potenciales compradores y, aunque acuerden con el autor, sus narrativas vienen de la escuela austríaca (la de Milei, como sabemos) que simplifica muchas cuestiones socioeconómicas más complicadas. Esta narrativa simplificada sería seductora para muchos por su adherencia a las ideologías que promueven muchas instituciones capitalistas: no prioriza el interés de una sociedad democrática.
Si de lo que se trata es de crear un sistema de crédito mutual global que pueda ser usado por cualquiera como una forma de moneda complementaria, es fácil, dice Joshua, ver como la idea es crear una visión de un futuro en el que el poder del dinero no venga del Estado o de bancos privados sino de la gente confiando en su comunidad. Para muchos, dice el autor, ni siquiera es vista como complementaria sino como una alternativa real a la que se los ha obligado. Y nos permite al resto una ojeada a cómo podría verse un sistema monetario democratizado.
Pero este no sería un libro sobre dinero. Es importante ser escépticos, mantiene Joshua, no solo frente a aquellos que nos dicen que las criptomonedas y las blockchains son el futuro del dinero y de todo lo demás, sino también frente a los que nos dicen que deben ser ignoradas y prohibidas, sea porque no se han mostrado a la altura de los ideales de sus creadores o porque lo están. Que la criptomoneda no sea dinero (aunque sea mercantilizada como tal por algunos) no la vuelve inútil. Es de hecho bastante útil para aquellos más preocupados por la justicia social que por la ganancia personal, nos dice. Cuando Ethereum introdujo los “smart contracts”, una de las nuevas narrativas promovidas era que los blockchains no eran SOLO sobre dinero sino para crear un sistema financiero completamente alternativo (DeFi: Decentralised Finance). Como las finanzas están tan ligadas a la ley como árbitro de las relaciones de propiedad privada, para lidiar con la contradicción de facilitar mecanismos “financieros” a través de un medio que se supone exista fuera del sistema legal estatal la frase “code is law” se convirtió en un importante aforismo. Pero si bien los “smart contracts” pueden tener propiedades similares a las de la ley, el software solo no cubre las mismas funciones que la ley para el arbitraje y la resolución de conflictos. En muchas instancias se vio que el código no es la ley en las blockchains. Ni es deseable cumplir acríticamente con resultados puramente basados en software. Aún en sistemas basados en blockchains, los humanos todavía tienen un rol que cumplir.
Y aunque mucho de este espacio sea una remake de muchos de los productos financieros más capitalistas, el pensamiento representacional (back to Deleuze) puede limitar nuestras capacidades para ver los detalles de estos mecanismos y las realidades y potenciales de los “smart contracts” y “crypto tokens”. “Code is law” ignora el hecho de que la gente usa los contratos como recursos sociales para administrar sus relaciones y las relaciones humanas requieren de la ambigüedad en muchas circunstancias.
Es importante, sostiene, entender las diferencias entre el sistema financiero tradicional y DeFi para desarrollar estrategias apropiadas que subviertan los sistemas financieros hacia fines que no sean la mera ganancia.
Luego el autor profundiza sobre cómo facilitar mercados e intercambios via “smart contracts” para ver como pueden ser deconstruidos para encajar con otros fines que no sean el fundamentalismo de libre mercado y con una lógica más orientada al bien común.
Los Estados Nacionales jugaron un rol importante codificando los poderes tanto de las clases nobles como capitalistas, gobernaron sus relaciones e introdujeron el régimen legal corriente que hace posible acumular grandes cantidades de propiedad privada. Esta verdad normalmente es ignorada en los relatos liberales y conservadores sobre como el capitalismo y la competición son solo “la naturaleza humana”, agrega.
Y nos muestra como principios orientados al bien común pueden encajar en un mundo blockchain que generalmente piensa en las finanzas como un esfuerzo individualista orientado a la ganancia.
Esto pone el diseño económico cerca de más gente y cuando la cosa es más participativa puede haber más insumos para tomar decisiones colectivas.
No hay consejos financieros en el libro y se advierte sobre los riesgos en esta área.
Y puesto que tanto en nuestras vidas está dominado por la ganancia, puede ser difícil imaginar una alternativa viable. Pareciera que vivimos bajo estructuras que nunca cambiarán en nuestras vidas y parece contradictorio idealizar un mundo postcapitalista imaginado cuando aquel en el que vivimos no está ni cerca de ese ideal, afirma.
Pero lo que ve interesante del construir sobre blockchains en este sentido es que ahora podemos movernos más allá del solo imaginar nuestros sistemas ideales y comenzar a hacer prototipos de ellos. Se dio cuenta de esto luego de una discusión con otros de las comunidades online de criptoizquierdistas con los que decidió comenzar a crear la infraestructura que pueda ayudar a facilitar tales proyectos e iniciativas. Querían crear las dapps que pudieran ayudar a lidiar con las contradicciones de vivir en el capitalismo mientras a la vez intentar plantar las semillas de un sistema post-capitalista. Lo llamaron Breadchain, por el libro La conquista del Pan de Kropotkin.
Hoy nuestra forma de capitalismo descansa en las finanzas más que nunca antes. Creando estratégicos pools de capital colectivo para apoyar esfuerzos progresivos que mejoren derechos laborales y hagan cambios económicos estructurales cree el autor que pueden emerger zonas autónomas y resistentes de post-capitalismo, como las villas de artesanos y comerciantes que desafiaron a los poderes de la nobleza cuando el feudalismo era el modo dominante de producción en Europa.
Entonces llega una cita de Debord sobre la sociedad del espectáculo y la mención a Snow Crash, novela distópica de ciencia ficción de Neal Stephenson cuyo protagonista es hacker y delivery de pizza en una sociedad con inflación por la maquinita de imprimir billetes, donde la gente no paga impuestos, usa moneda electrónica para evitarlos y algo llamado Metaverso reemplaza la Internet. El libro (de 1992) de muy obvios tonos libertarios y anarcocapitalistas, fue de influencia en muchos fundadores e inversores de Silicon Valley. De ahí vendría no solo el tema del “metaverso”(distópico en la novela) sino el término “avatar”.
También se mencionan historias y sitios como el de net.art (movimiento que nació en tiempos de la narrativa de Internet como una herramienta democrática contra el control corporativo y estatal, además de cuestionar el mundo del arte como negocio) y el blog de Rhea Myers (una de las primeras artistas en usar blockchain y criptomonedas como medio para el arte).
Dice Joshua que ha crecido el interés por las aplicaciones de blockchains que no son puramente financieras sino formas de coordinación alternativas a los sistemas legales, juntamente con las formas más tradicionales de organización descentralizada como las cooperativas. A muchos en el espacio cripto les gusta usar la metáfora de la “coordinación”, sostiene, pero pierden atención a la importancia de las relaciones de poder en los sistemas. Si los que creen que la tecnología cripto puede mejorar el mundo son serios, entonces no se trataría solo de coordinar sino de ser el cambio, lo que implica comprometerse con la política y usar la tecnología no solo para mejorar los sistemas democráticos sino también para permitir formas de resistencia política. Solo entonces uno podría ser considerado un Blockchain Radical.
Entonces cita a Karl Polanyi citando a Robert Owen y los grandes males de la economía de mercado y afirma que si bien los cyberpunks tenían razón en promover la descentralización de la infraestructura digital, la misma debería complementarse con la descentralización de la misma propiedad privada de manera que la gente que trabaja pueda administrar democrativamente tanto la economía como la sociedad en vez de dejar esto en manos de mini dictaduras que llamamos corporaciones y sus billonarios dueños.
El autor nos recuerda como lo tecnológico y lo social están entrelazados de una manera tal que es más lógico hablar en términos de relaciones sociotecnológicas. Menciona también a Nathan Schneider, autor del primer libro sobre cooperativas de plataforma en 2018: Everything for Everyone: The Radical Tradition That Is Shaping the Next Economy https://platform.coop/people/nathan-schneider/ haciendo asimismo referencia a la campaña Exit to Community cuyos costos y complejo aparato legal necesario terminaría siendo demasiado. Probablemente para la sorpresa de Schneider, dice el autor, el lugar donde Exit to Community pareciera haber despegado más es en cripto. Gracias a las blockchains estaríamos empezando a ver las semillas de una colaboración autónoma colectiva a una escala nunca antes pensada como posible. Algunos podrían apurarse al decir que es la descentralización de las blockchains que vuelve esto posible. Pero la descentralización puede también ser una propiedad deseada del aparato de control estatal, nos recuerda. Algo podría ser arquitectonicamente descentralizado y aún así muy políticamente centralizado.
Se trataría de descentralizar la propiedad. A algunos podría sorprenderles la influencia del cooperativismo en el espacio blockchain, pero para otros se trataba de una conexión obvia. Aquellos más familiarizados con el mundo cooperativo tradicional pueden todavía no estar convencidos de que los proyectos cripto se llamen a si mismos cooperativas, hay un conflicto permanente con el movimiento cooperativo. Algunos quieren ser más restrictivos sobre a qué se llama una cooperativa y otros creen que esto atrasa al movimiento cooperativo y es por eso que no ha crecido todo lo que debería.
Aunque ve a las DAO (Organizaciones autónomas descentralizadas) como una nueva herramienta interesante para coordinar en el espacio digital, no ve un claro movimiento político detrás de ellas para definir sus trayectorias. Hay semillas de una política interesada en la descentralización, pero la ausencia de un claro mensaje político sería la razón por la cual fue tan fácil para los capitalistas de Silicon Valley cooptar las DAO que, si bien no son inherentemente cooperativas, pueden adaptarse a los principios cooperativos.
Para el autor la gente está buscando nuevas maneras de relacionarse con sus trabajos y la izquierda debería ver en las DAOs un nuevo espacio de exploración y experimentación al declinar los antiguos sindicatos y cooperativas.
Luego de una cita de Michael Hardt y Antonio Negri, nos recuerda que las instituciones políticas no dan respuesta mientras la gente se vuelve más apática lo que a su vez empeora las instituciones. Atribuye a esta dinámica el surgimiento de gobiernos y partidos populistas en muchos países desarrollados, empujando a la gente a ideologías extremistas que coquetean con el fascismo.
La conclusión tecnopesimista es que el único futuro que puede ser creado con blockchains es una tecnocracia aún más opresiva. Pero aunque no sean una solución en sí mismas, cuando son diseñadas de una manera específica, las blockchains y lo que permiten cree podrían ayudarnos a imaginar y crear futuros políticos más democráticos en formas que no eran posibles antes.
Uno de los problemas mayores que enfrentan muchas democracias occidentales es que se han calcificado, nos dice, se han vuelto lentas, burocráticas y poco adaptadas a las condiciones contemporáneas. Mientras que los libertarios conservadores argumentan que este es el estado natural del “estado elefantiásico”, la causa más probable ha sido el poder creciente del capital sobre el mismo gobierno, nos dice. Muchas de las instituciones de estos países fueron designadas en un tiempo que se veía muy distinto a hoy. Pero este sistema de instituciones gubernamentales actuales no es el único en el que vivimos. Hay un número de sistemas y subsistemas que se sobreponen e interactúan los unos con los otros y que la cibernética, afirma, explica mejor como campo para entender sistemas de todo tipo, incluyendo ecológicos, tecnológicos, bilógicos, cognitivos y sociales, (ve a la AI en sí misma como una evolución del pensamiento cibernético). Ve en la cibernética un camino para entender cómo diseñamos, aprendemos y administramos organizaciones. Y cita entonces a nuestro viejo amigo Stafford Beer y su Proyecto Cybersyn en Chile buscando crear un centro de control que permita una administración descentralizada de la economía.
Si pensamos en los sistemas que no funcionan lo primero que debería ocurrir para aquellos que queremos cambiarlo es reconocernos mutuamente para que la coordinación pueda comenzar. El libro se plantea en ese sentido como un punto de encuentro para aquellos que creen que algo está mal con el estado actual del capitalismo y están curiosos por explorar las blockchains como un camino útil para lograr una liberación colectiva.
Nos recuerda que aquello que coloquialmente llamamos “política” en el sentido electoral no es todo el sistema que construye la política y que aquellos que deciden llevar adelante acciones fuera de su lugar en el sistema electoral se embarcan en la “acción directa”, cuya importancia el autor destaca en la historia y cree que con las blockchains ha migrado a esta arena. Cita a Kropotkin como el primero que popularizó la idea en Mutual Aid: A Factor of Evolution, donde argumenta que es la cooperación y no la competencia lo que conduce la evolución. Y ve en las relaciones cultivadas via la ayuda mutua un modelo para una sociedad post-capitalista ideal.
Las criptomonedas podrían además ser útiles, supone, para juntar fondos para apoyar cuando hay una amenaza de opresión de estado o bloqueos financieros o situaciones en las que no hay un lugar seguro para guardar dinero en una cuenta bancaria. Hay casos en que es más fácil tener una billetera electrónica democráticamente controlada, hay formás útiles e innovadoras para juntar dinero a través de campañas con cripto, nos informa.
Menciona luego a Balaji Srinivassan, ligado a Dark Enlightenment, un movimiento neoreaccionario con raíces intelectuales en figuras de la ultraderecha (Peter Thiel, por ejemplo) que han argumentado que la democracia es insostenible y piden volver a formas “tradicionalistas” de gobierno como la monarquía. Siendo propulsor de una tecnocracia gobernada por Silicon Valley, así como de “seasteading” libertarias (un intento por crear sociedades fuera del alcance de los gobiernos y construidas en base a principios de libre mercado), una de las ideas que Srinivasan ha estado proponiendo es lo que llama el “estado red”, al que definió como “una red social con un acordado líder, una criptomoneda integrada, un propósito definido, un sentido de conciencia nacional, y un plan para crowfund territorio”. Expuesto como la secuela inevitable de los estados nacionales, no sorprende que su “estado red” tenga apuntalamientos libertarios y de fundamentalismo de libre mercado extremos. Con apelaciones no confesadas a la ideología californiana, argumenta que cualquiera puede hoy convertirse en un fundador de un estado red, algo parecido a fundar una startup: una arena muy controlada por capitalistas de riesgo como él que desean una tecnocracia conservadora antidemocrática.
El autor ve claro el peligro en estas propuestas en manos de neo-fascistas: el fin de muchos de los derechos civiles que damos por contados hoy. Y de la mano de la IA y la robótica una perspectiva completamente distópica. Cita un artículo de Nathan Schneider en Noema de junio de 2022 en el que advierte de tal futuro de abusos de los derechos humanos que podría venirse con el advenimiento de los sistemas autónomos descentralizados de las blockchains. Pero hace notar, sin embargo, que estos también pueden ser usados en otra dirección. Así como los “crypto hypemen” creen que las blockchain están para preservar sus derechos de propiedad también puede ser usado para hacer cumplir otros tipos de derechos, por ejemplo aquellos que los estados no pueden defender bien.
A través de las nuevas tecnologías, especialmente en el espacio de las blockchain y las criptomonedas, los movimientos neofascistas estarían trabajando para eliminar los derechos por los que lucharon generaciones anteriores. Si reducimos la política al voto o minusvaloramos las potencialidades y significado de los mismos campos tecnológicos en los que juegan los neofascistas, afirma, cedemos a esos fascistas nuestro derecho a determinar un futuro en línea con nuestras propias convicciones políticas.
El mundo de las blockchains y las criptomonedas es complejo, pero siendo también uno de los nuevos terrenos de lucha política es imperativo para él que nos metamos ahí.
Ahí es donde aparece una cita de William Morris y el recuerdo de que la ley no puede regular todo lo que hacemos ni necesita intervenir en muchas situaciones reguladas por las normas sociales. (e Internet ha cambiado la cultura y las normas sociales en un grado tremendo, exponiendo a la gente a otras formas de vivir y entender el mundo, poniendo en cuestión las expectativas culturales con las que crecieron).
El autor muestra cómo los protocolos cripto son usados para una coordinación colaborativa innovadora y ve en la Web3 la próxima evolución de Internet, incorporando blockchains para que los usuarios pueden tener más control sobre sus datos y la capacidad de adueñarse de los protocolos en Internet.
Al momento muchos proyectos dicen tener su propio metaverso, nos cuenta, pero generalmente la retórica alrededor de este concepto tiende a volver a sus raíces en Snow Crash concibiendo al metaverso como una entidad única (lo que se ve en el cambio del nombre de Facebook a Meta y su estrategia de volverse la compañía que hace “el Metaverso”). Pero no todos estarían usando esta lógica de querer que Snow Crash se vuelva una realidad.
Da el ejemplo de Trust, un colectivo de arte e investigación con base en Berlín, que busca alternativas o reacciones al Metaverso de Meta, y Moving Castles, una metáfora organizacional que combina la agencia colectiva y la participación pública en miniversos modulares y portables. El nombre del proyecto viene de la película Howl’s Moving Castle basada en la novela de Diana Wynne Jones en la cual un castillo ambulante puede transportar a sus residentes a varios mundos diferentes acorde a sus deseos. En vez de intentar colapsar el ya existente y enorme número de comunidades online en un medio ambiente digital monológico que le permita a las corporaciones tecnológicas continuar vendiendo tus datos, Moving Castles buscaría por el contrario formas de ser tan públicas como quieran para las comunidades online sin perder sus espacios más privados para publicidades intrusivas o sin temer la presión del escrutinio público.
Para Trust sería importante que las comunidades online tengan la opción de seguir siendo privadas, de manera de permitir que las subculturas se desarrollen sin interrupción y para crear un colectivo cohesivo y democráticamente que también permita una polinización cruzada con otras subculturas online usando infraestructura descentralizada. Esto entonces permitiría la creación de Moving Castles como zonas de resistencia que pueden permanecer pequeñas pero interconectadas en redes de interoperabilidad que desafíen el intento de Zuckerberg o cualquier otro de un Metaverso monolítico.
Usando un marco de Moving Castles, las comunidades online podrían solidificar sus ya existentes mecanismos de gobierno o crear nuevos a través del uso de tokens, carteras multifirma o otras herramientas DAO controladas por los miembros con la adición de representaciones gráficas de sus gobiernos sucediendo al mismo tiempo, sea dentro de su miniverso o públicamente si así lo desean. Y Joshua define esto como una visión en miniatura de Cybersyn, pero para una comunidad online.
También menciona experiencias DIWO y a Furtherfield en el mundo del arte, siendo este último uno de los primeros grupos que comenzó a explorar con blockchains para el arte. Un ejemplo de los primeros artistas que colaboró cercanamente con ellos y usó esta tecnología es Rhea Myers, quien creo varias piezas artísticas usando smart contracts en Ethereum. Furtherfield también publicó un libro llamado Artists Re:Thinking the Blockchain. Para testear el marco DIWo en relación a la blockchain, uno de los proyectos que el grupo llevó a cabo fue una aplicación nueva que llamaron CultureStake mostrando sus implicancias para facilitar un gobierno democrático con una blockchain.
El autor nos alerta que si restringimos nuestra comprensión de este espacio al libertarianismo de derecha, nos perdemos o simplemente rechazamos reconocer los esfuerzos más colectivos que están teniendo lugar, especialmente en las artes, una arena que históricamente ha sido un buen lugar para mirar por dónde van las tendencias tecnológicas.
No se necesita ser un experto en IA, afirma, para entender que en un mundo lleno de campañas de desinformación esta tecnología tiene el potencial de volverse extremadamente peligrosa. Las consecuencias potencialmente negativas de la IA parecen al momento estar controladas por instituciones centralizadas. ¿Qué manos son seguras? Los modelos de IA parecen descansar en la confianza en instituciones supuestamente bienintencionadas. Ethereum tendría una cultura política más abierta en comparación a Bitcoin, pero aunque sea el tipo más popular de arquitectura para usar, no es la única y solo pensar en términos de blockchain podría nuevamente restringirnos de ver otras posibilidades, nos alerta.
El mismo autor dice que es difícil decir con completa certidumbre lo que cripto “es”, porque “es” implica una estabilidad en el estado de algo que cambia en el tiempo y en diferentes contextos. Esta es una gran limitación al usar el pensamiento representacional a través del lenguaje para intentar entender algo tan complejo como lo cripto más allá de sus aspectos técnicos o las conclusiones simplistas extraídas de una comprensión superficial de algunos de sus efectos posteriores.
Lo alienta ver que los autores hacen la conexión con la acción colectiva. Y aunque la “coordinación” es la mejor de las representaciones usadas en la estructura del libro, sigue sin describir completamente lo que cripto “es” y aquello en que necesita convertirse para desarrollar sus potencialidades.
También cita al hacker marxista Jaromil hablando de la “autopoiesis de la complejidad” para referirse al sentido de una intensa incertidumbre en la que vivimos. Para resumir una posición que busca moverse más allá de un completo determinismo a la vez que reconoce que las estructuras existen, acuña el término “probabilismo tecnológico”: depende de nosotros salvarnos colectivamente y apoderarse de estas tecnologías.
Cita también el Manifesto Cyborg de Donna Haraway, llamando a no pensar límites rígidos entre animales, máquinas y humanos y recordando que ya somos cyborgs: la línea entre lo natural y lo artificial se ha borroneado con los microchips y otros artificios tecnológicos avanzados que usamos cada día. Haraway dice:
The main trouble with cyborgs, of course, is that they are the illegitimate offspring of militarism and patriarchal capitalism, not to mention state socialism. But illegitimate offspring are often exceedingly unfaithful to their origins. Their fathers, after all, are inessential.
El ensayo de Haraway es una maravillosa crítica del pensamiento binario, sostiene, lo que ayudaría a acercarse a un espacio tan contradictorio como el de las criptomonedas (interesante es notar que el autor se mueve sin embargo en un pensamiento binario de izquierdas y derechas). Acude a los filósofos anticapitalistas Brian Massumi y Erin Manning en una entrevista en The New Inquiry en 2018 hablando de sus miradas sobre la reapropriación de una tecnología tan ligada a una política a la que se oponen y mencionando la necesidad de una “duplicidad estratégica” que
involves recognising what works in the systems we work against. Which means: We don’t just oppose them head on. We work with them, strategically, while nurturing an alien logic that moves in very different directions… We have to be parasitical to the capitalist economy, while operating according to a logic that is totally alien to it.
Creen que es posible reapropiar la tecnología para una criptoeconomía que sustente una “colectividad emergente” provocada por el interés creciente en las DAO para la acción colectiva. Tomando estos principios de duplicidad estratégica y aplicándolos al mundo cripto cree el autor que podemos crear nuevas armas para nuevas formas de solidaridad colectiva y democracia con las herramientas infieles de los crypto-boosting libertarios.
Se trataría de usar una lógica que no cumpla con la propia lógica de dominación del capitalismo para imaginar futuros no distópicos que usen la asequibilidad apropiada de la tecnología para fines colectivos. Esto significaría, como dijo Snowden, usar las cripto como él hizo cuando pago seudónimamente con bitcoin para los servers que ayudaron a hacer su denuncia. Ejemplos como el de Snowden mostrarían que podemos ser realistas sobre las estructuras que nos atan y reconocer nuestra propia agencia en momentos críticos cuando llega la oportunidad.
Se trataría de ser honestos sobre nuestras actuales condiciones materiales que incluyen la existencia de blockchains y criptomonedas. El autor busca que el lector cuestione sus nociones preconcebidas de que no servirían para las luchas progresistas.
Cita también otro artículo de Nathan Schneider en el que nota, bajo el habla de la descentralización, un poder centralizador en camino. Los capitalistas de riesgo habrían reconocido en los protocolos cripto una oportunidad aún más grande de captura de valor. Aún así, afirma, pensar en tokens como derechos sociales puede ser un buen punto de partida. Pero, siendo honesto, el autor dice no sentir que estemos cerca de que eso sea una realidad. Hay proyectos y experimentos interesantes que hablan solo del potencial de un mundo extraño. Y, paraojicamente, aunque se hable de descentralización en todos los casos, de hecho uno de los beneficios reales que ve es su potencial para centralizar ya descentralizados movimientos, como la izquierda.
Aún con sus fallas, una blockchain (o otras DLT) puede crear protocolos para la cooperación y coordinación para subvertir el poder, piensa, a la vez que permitiría experimentar con propiedad colectiva. Se trataría de una herramienta extremadamente poderosa porque permitiría un hilo conductor entre todas las diferentes tendencias de la izquierda de manera que habría una razón para continuar cooperando en vez de dividiéndose (Siempre me pareció interesante la coexistencia paradojal de los discursos del conflicto y la cooperación, así como de la centralización y la descentralización, en la “izquierda”).
Nunca fue más fácil técnicamente comenzar nuevas formas de una federación política significativa, afirma entusiasta. Las blockchain permitirían nuevos tipos de coordinación, organización y formación de instituciones. Ofrecerían una alternativa a algunas instituciones existentes y el mapa cripto actual ni siquiera comenzaría a acercarse a los posibles futuros que hay, no basados en la búsqueda de ganancia sino en la propiedad común. Imagina una amplia coalición de muchas tendencias en la izquierda con una billetera multifirma y muchos dueños de un pool compartido de recursos que, cuando la mayoría lo apruebe, pueda usar esos recursos para ayudar a huelgas, financiar cooperativas, fondos de ayuda mutua y otras yerbas. Pero para que cualquier federación real se afiance, nos alerta materialista al fin, es importante recordar que somos seres físicos que todavía necesitan conexión física. Entonces recomienda a aquellos interesados en las cosas que se discuten en el libro buscar encuentros físicos cercanos a nosotros. Me va a salir caro el viaje porque una de las organizaciones que está construyendo un lugar de encuentro para una federación de grupos cripto progresistas se llama la Crypto Commons Association, basada en los alpes austríacos en un viejo y restaurado bed and breakfast/restaurante. Ahí se hacen eventos como el Crypto Commons Gathering que parece atrae a los más progresistas en el espacio cripto focalizados en combinar teoría del bien común con las blockchains. No sé si había criptoizquierdistas en los encuentros recientes en Buenos Aires de toda esta vaina (y eso que Alejandro me sugirió que vaya a uno de ellos, me perdí el encuentro físico...).
El autor acaba con una cuestión práctica sobre lo que el lector puede hacer. Ir a blockchainradicals.eth (o .com) donde hay un suplemento digital donde encontrar formas de comenzar a explorar y aprender como usar herramientas cripto y ayudar a fondear proyectos progresistas. (se puede acceder a la dirección .eth con cualquier browser compatible con IPFS).
El libro es una llamada a la acción consciente de que debemos existir dentro de y luchar contra el capitalismo. Y llama a aquellos con recursos a comenzar sus propias experimentaciones (se puede comenzar con tan poco como 10$ de criptomoneda dependiendo de la blockchain que uno use con fines colectivos en mente, nos dice). No sería una inversión para esperar ganancia, sino una en educación y conocimiento sobre cómo usar estas herramientas que ve maduras para que la izquierda comience a reutilizarlas, alejándolas de sus raíces libertarias conservadoras. Hay un glosario al final. Aún así hay tanto que no entendí. Hace unos días en una entrevista dada a Clarín le preguntaron a Vitalik Buterin
─¿Cuán comprensible es el protocolo de Ethereum?
─Bueno, eso es otra cosa que me importa y que necesita mejoras: cuán práctico es para la gente entender el protocolo. Si sólo 30 personas entienden el protocolo, no es muy descentralizado.
https://www.clarin.com/tecnologia/vitalik-buterin-piensa-creador-ethereum-seguridad-cripto-destaca-argentina-proximo-salto-ia_0_SUCpMx8R4w.html
Bueno, yo con un doctorado y un par de maestrías, y a pesar de todo lo que comprendí y resumí, creo que entendí con suerte la mitad de este libro. Viejas paradojas de la relación entre la izquierda y el pueblo.


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